Niños indefensos

 

Amnistía Internacional ha emitido una campaña publicitaria bajo el eslogan “Niños soldado. Si tú no haces algo, otros lo harán. Lo pondrán en primera fila y si mueren irán a una escuela a por otros niños”.

Por otra parte, los asistentes a la Conferencia Internacional contra los niños soldado, que se conmemoró en París y a la que concurrieron 58 estados, se han rubricado unos convenios para impedir el alistamiento en milicias y tropas armadas, de críos y pelear contra los que apelan a ellos.

Que las conflagraciones son una tragedia es una realidad y un suceso indiscutible, sin embargo, cuando éstas se valen para coger armas de fuego, la tragedia resulta aún más insufrible. Las batallas con semblante inocente afectan ahora a unos 218 millones chavales en todo el universo, según Juan Hunt, director de la oficina de la OIT en España. Son tantos chiquillos como inocencias truncadas, cuyos derechos y libertades han sido violados. Otros muchos han fallecido en la primera línea del terreno de combate.

El resultado de esta reunión internacional, coordinada con acierto por Francia y apadrinada por UNICEF y que ha utilizado el lema “Liberemos a los niños de la guerra”, ha sido vaguear, alrededor de una mesilla, todas las partes comprometidas: estados, organizaciones no gubernamentales, oficinas para el progreso, fuerzas para el defensa de la conciliación y en primera persona, los chavales que un día fueron niños y soldado que consiguieron subsistir.

Según Naciones Unidas, se emplean a chicos como soldados para aumentar las tropas armadas y grupos de guerrilleros. Casi todos se encuentran en territorio tropical: Burundi, Chad, República Democrática del Congo, Costa de Marfil, Somalia, Sudán y Uganda. El resto se localizan en Asia, Afganistán, Nepal y Sri Lanka.

En el citado tratado se asegura “la lucha contra la impunidad, investigar y perseguir de manera efectiva a aquellas personas que hayan reclutado, ilegalmente, a jóvenes menores de 18 años, para grupos paramilitares o fuerzas armadas”.

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