Cuidar al público infantil

 

La Directiva de la Televisión sin Fronteras lleg\xF3 para hermanar el marco legislativo de los canales televisivos en la Unión Europea. Conforme a una de sus facultades, la publicidad difundida a través de la pequeña pantalla no debe aguijonear a la juventud al consumo "explotando su inexperiencia y su credulidad". Por fuera de ese marco, cada Estado miembro, es soberano de valerse de sus propios reglamentos. En Suecia, la publicidad televisiva enfilada a los críos est\xE1 vedada. En Luxemburgo y Bélgica, est\xE1 quitada cinco minutos antes y después de los programas para chiquillos. En Italia, las imágenes animadas no pueden ser entrecortadas con spots publicitarios. Y en Dinamarca, se mantiene un pacto entre el Estado y TV2 sobre las limitaciones de la publicidad dedicada a los chavales.

La Comisión Europea ha descubierto que las televisiones españolas no acatan las limitaciones publicitarias que determina la Ley de Televisión sin Fronteras. Esta infracción promover\xE1 el inicio de un expediente por desacato, frente al Gobierno de ZP. "Habr\xE1 problemas entre España y la Comisión Europea", pronostica la responsable comunitaria, Viviane Reding. Los impúberes son el blanco de las campañas publicitarias, emitidas por televisión.

Me dan un mocito, de cualquier medio social, y me pueden demandar: "Haga de él un científico, un artesano o, incluso, un criminal". Yo lo obtendr\xE9, revelaba el psicólogo norteamericano Edward Chace Tolman.

Ante esta verdad, las grandes marcas, las agencias de publicidad y los canales televisivos pugnan por trocar a los jóvenes en usuarios.

De acuerdo con una investigación del rotativo helvético "Journal de Genéve", las criaturas de siete a doce años rebasan las dos horas y media al día frente al televisor, en Francia y en Suiza; mientras en Alemania son menos vehementes. Los Estados Unidos arrollan todos los rankings con cuatro y cinco horas diarias delante del televisor. No es de extrañar que las marcas de cereales, juguetes, indumentaria o música, apliquen cientos de millones de dólares al año, para hechizar a los chiquillos. En Estados Unidos, según la institución "Consumer Unions", cada vástago visiona 30.000 spots publicitarios al año.

Exclusivamente, Suecia ha creado una regulación apoyada en un dictamen ético. Como evoca Erling Bjurström, catedrático de comunicación, sus investigaciones valieron para componer la ley sueca, los chavales no están en los niveles intelectuales para de distinguir un anuncio publicitario de un evento televisivo, antes de los diez años.

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